Educación más allá de las aulas

Para esta última entrada, había pensado en varias ideas. 

En primer lugar, pensé en escribir sobre el centro de educación especial en el que mi madre trabaja. Sin duda, tener la oportunidad de haber crecido sintiendo tan cerca esta realidad educativa ha sido uno de los factores que reforzó mi vocación y una de las razones por las que también escogí esta carrera. Desde septiembre, disfruto mucho hablando con mi madre sobre los avances de algunos de sus alumnos y las actividades que realizan en el aula.

Aun así, sentía que esta última entrada debía tener un toque aún más especial. Sentía que debía hablar un poco más de mí y de lo que esta asignatura me ha hecho replantearme.

Como sabéis, el pasado miércoles no pude asistir a las exposiciones de los proyectos finales porque debía ir a una actividad cultural en mi pueblo. Repensando un poco el blog con mi amiga Jimena y pensando sobre qué realizar mi última entrada, me preguntó por qué no os hablaba de esta actividad. No lo tenía muy claro, pero conversando con Sergio comprendí que, sin duda, tengo en mi mano una gran oportunidad educativa de la que llevo aprendiendo durante toda la vida y que me permitirá seguir aprendiendo por lo que espero que aún sean unos pocos años más.

Esta oportunidad es la Congregación de Hijas de María. Desde una mirada pedagógica y a la luz de los contenidos vistos en clase, he percibido cómo se trata de una auténtica organización educativa. Una organización de niñas que permanecen en ella prácticamente desde el mismo día de su nacimiento hasta el día de su boda. Sin duda, no hay cosa que llene más mi corazón que recordar que pertenezco a esta congregación que tanto bien ha hecho no solo en mí, sino también en todas las mujeres de mi familia.

Niñas de la Congregación presentando su carnet a María               

Sé que es una auténtica locura y de la cual nadie se explica el por qué, pero desde hace ya un año tengo la suerte de ser la presidenta de la Congregación. Gracias a mi tía y a un gran amigo decidí adentrarme en esta gran aventura. Todos pensaban que estaba loca, pues estaba en 2º de bachillerato, tenía por delante no solo los finales, sino también la PAU, pero… ¡qué poco es una vida para darla! Y tras un SÍ generoso decidí dedicar todo el mes de mayo a la Congregación. ¡Bendita locura! Muy loco sí, pero no sabéis cuánto llegué a aprender en este mes, y no os hablo de contenidos académicos, sino de valores de verdad y sobre todo de aprender a organizarme para, poniendo el foco en lo verdaderamente importante, desde ahí organizar el resto de mis tareas y sacarlas con éxito. Era raro, sí, pero gracias a mi cargo en la Congregación he pasado de agobiarme muchísimo en los exámenes a afrontarlos como una prueba en la que con mucha paz demostrar todo lo trabajado.

Son muchos los aprendizajes, pero os quiero hablar del carácter educativo de la Congregación. Este año, sin duda, estoy mucho más atenta a las interacciones de las niñas entre ellas y cómo van viviendo las cosas. ¡Cómo para no estar atenta! Son el claro ejemplo visible de lo que estudio en la uni…

Podría pasar horas infinitas escribiendo sobre la Congregación, pero para que mi blog no resulte eterno voy a destacar tres aspectos clave:

  • Alegría

Este aprendizaje lo titulo alegría, porque no se me puede no escapar una sonrisa ante este momento tan dulce. Las Hijas de María vamos todos los días del mes de mayo a las flores (las flores son la misa de la tarde) y ellas tienen un carnet que les sellamos cada día que vienen. Es una pequeña tontería que les motiva a ir a las flores, pero sin duda con un gran valor para ellas. Y sí, siento una gran alegría al verlas venir felices a acompañar a María y poner su sello. Me parece tan adorable que todos los días vayan a las flores con sus amigas… Y uno de los detalles que sin duda me roba el corazón son sus bolsitos, bolsitos monísimos en los que llevan el carnet, ¡más monas! Bueno, y diréis vale Natalia muy bien, pero ¿y todo esto qué tiene que ver con la educación? Yo tampoco lo sabía, pero reflexionando me sentí muy afortunada de transmitirles valores de la congregación y pensé que en un cole al final como docentes vamos a hacer un poco lo mismo: transmitir todas esas cosas que consideramos valiosas a los alumnos. Y qué bonito ver cómo poco a poco abrazan todos esos valores que son tan importantes que sabes que no puedes quedarte solo para ti, sino que es necesario compartirlos con los demás.

  • Comunidad

Destaco comunidad por los lazos de amistad que la congregación crea entre iguales. Además, no puedo olvidarme de la comunidad que se genera también entre pequeñas y mayores. Todas somos importantes en la congregación y a todas nos importan las cosas de todas. Es bonito ver cómo te comparten sus miedos, te cuentan lo más interesante de su día…

El día que Sergio me permitió faltar a clase sentí esa comunidad que sin duda me emociona. Ellas sabían que no podía ir, que estudio en Madrid para ser profe y me era imposible llegar. Y qué bonito llegar, mirarlas y escuchar cómo con una sonrisa te decían: ¡al final has venido! Bueno, y el hecho de que vaya a ser profe les explota la cabeza por completo y todas me exponen su cole como el cole ideal donde debería trabajar.

Todas sentimos que somos una parte importante de la Congregación y que cuidarnos entre nosotras es importante.

Otro de los aspectos bonitos que genera la comunidad es que aún no estando en el mes de mayo, pasearás por la plaza con tus amigas y de repente tienes que ver lo dormida que está la bebé de una de las niñas en su carro o lo bien que sabe hacer el pino… ¡son tremendas!

  • Aprendizajes

Sin duda, la Congregación funciona como toda una red de aprendizajes. Cada una de nosotras da lo mejor de sí misma de forma que poco a poco vamos nutriéndonos de una red de la que todas formamos parte y en la que todas incluimos algo. Quien sabe pintar da un taller sobre cómo pintar, quien es mañosa da un taller sobre cómo hacer flores de papiroflexia, quien es paciente da un detalle sobre cómo hacer palmas, etc. 

Cada una da lo mejor de sí misma para las demás. Antes no era consciente del profundo valor pedagógico que esto conlleva y sin duda cada día alucino más con la enorme red de aprendizajes que estamos formando. Me emociona cuando una de las pequeñas me propone enseñar su taller y de repente la ves enseñando a las congregantes cómo hacer una flor con limpiapipas para la Virgen. Y lo emocionante no es solo ver su interés por compartir lo que ella sabe con las demás, sino la atención que las demás le prestan y el interés por querer aprender lo que se les muestra. Qué bonito que no seamos solo las mayores quienes enseñamos algo, sino que se genere un aprendizaje bidireccional del que ninguna es dueña y del que todas nos nutrimos y, a su vez, construimos.

Además, la congregación, como toda organización educativa, tiene sus tareas burocráticas que tanto me aburren, pero sentir todo lo bonito que está pasando por mis manos y el sentimiento de amor a María que la Congregación me permite transmitir a las más pequeñas hace que de repente tenga ganas de tareas aburridísimas como reorganizar las listas. Creo que como docentes nos pasará un poco lo mismo, seremos capaces de estar sentadas delante de un ordenador toda la noche con la motivación de saber que lo que estamos preparando (aunque sea de forma indirecta) beneficiará a nuestros alumnos. 

 

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