Tenemos en nuestras manos el poder de cambiar vidas

 

No os voy a engañar, tengo miedo, miedo de no ser una buena docente, miedo de no estar a la altura. Este miedo no se basa en si enseñaré bien matemáticas o daré los mejores trucos para memorizar en historia. Este miedo recae en esa indudable influencia que como docentes tenemos sobre nuestros alumnos, en la capacidad que todos aseguran que tenemos de cambiar vidas.

 


En estos días de Semana Santa, hemos visto como muchas hermandades hacían homenajes durante sus estaciones de penitencia a Sandra Peña, la joven Sevillana que se suicidó a causa del acoso escolar que sufría. Que dolor tan inmenso tuvo que sufrir esta joven para incluso acabar con su vida ante la situación que estaba viviendo. Sin dada, como futura docente, este caso resuena en mi corazón. Y sí, me preocupa no estar a la altura, me preocupa no poder a ayudar a todos los niños y adolescentes, que, como Sandra, necesitan ayuda de sus docentes y no me refiero solo al caso del acaso escolar, sino también a niños con problemas familiares cuyo único momento de descanso son las horas que pasan en clase, niños con enfermedades que lo dan todo en lo académico a pesar de su estado de salud, y todos esos casos a los que tendremos que hacer frente durante nuestro magisterio.

 


Es en el colegio donde los niños pasan gran parte de sus días durante la infancia, donde además comienzan con sus relaciones sociales secundarias. Es evidente que como docentes debemos estar atentos a nuestros alumnos para prevenir los problemas que puedan surgir y ser capaces de activar de forma exitosa el protocolo que permita dar solución a estas situaciones. Sin duda, me aterra no reconocer situaciones en las que los alumnos no estén pasando por un buen momento y como docentes debamos intervenir.

 

Todo esto, me lleva a reflexionar lo siguiente: tengo en mis manos la vida de un niño en un momento de cambio, sin duda clave, en el que crecerá e irá formando su personalidad.

 

Cuando escucho desprecios hacía nuestra profesión, no es que me moleste, sino que pienso que ser profe no es solo hacer collares de macarrones como muchos aseguran, sino que es cambiar vidas, reconducir a esos alumnos que parecen abandonar el barco de la clase, dar una mano o incluso todo el brazo a ese alumno que no es capaz por sí mimo, es creer en ese niño que ni él misma cree en él, es acompañar, dar esperanza, conseguir sacar una sonrisa a ese niño que esta viviendo en casa una situación difícil… Y sin duda, esto es lo que más me aterroriza, ¿Seré una buena maestra? ¿Conseguiré estar a la altura?

 

Desde pequeña, siempre quise ser profe, pero sin duda esta vocación se reforzó tras conocer a mis profes de la ESO en el Colegio Diocesano Santa Clara. Reconozco que gracias a ellos hoy estoy estudiando esta carrera pues avivaron la llama de una vocación que parecía desaparecer. Sin duda, estoy totalmente agradecida al cole que me demostró que ser profe es mucho más que dar clase, es simplemente estar ahí y tender una mano a los alumnos cuando necesitan de ti, cuando necesitan que alguien confíe en ellos, les ayude a encontrar respuestas, etc.

 

Sí, un maestro cambia vidas, influye en la vida de sus alumnos. Y es por eso que quiero implicarme, estar ahí. Quiero ser una buena maestra con esos alumnos en los que dejaré huella, quiero dedicar mi magisterio a abrazar y consolar pequeños corazones a través de las mates, cono y lengua.

Con esta entrada no me refiero a convertir las aulas en clínicas psicológicas sino cuidar de esas vidas que los padres nos han confiado a través de las materias sin olvidar el inmenso valor de lo que se nos ha concedido.

 

“La base de toda educación es cuestión de corazón” – Don Bosco

Para terminar esta entrada, destaco esta frase de Don Bosco ya que educar es estar ahí por amor, entregarte sin esperar nada a cambio, dar lo mejor de ti a un pequeño que probablemente en un par de años olvide incluso tu nombre, pero hacerlo todo con amor, con la más sincera disposición de querer cumplir esa parte del magisterio de cambiar vidas.

 


 

 

Comentarios

  1. ¡Qué bonito! Es normal sentir miedo por no ser una buena profesora, pero seguro que eres una profesora increíble Natalia, tienes un gran corazón. Gracias por hablar sobre este tema y comentar la importancia de esta profesión tan bonita.

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  2. Que importante y que razón tienes en todo lo que mencionas. La verdad los pelos de punta con el inicio de tu entrada, que tema tan delicado pero tan necesario de hablar a la vez. Sin duda que como futuras docentes ese miedo siempre va a estar dentro de nosotras, pero estoy segura de que vas a lograr aquello que te propongas y ser la maestra que deje esa huella en sus alumnos ;)

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